El Idioma Hebreo

Hebreo: La Madre de todas las Lenguas ( תירבי)
(Extractos de un papel escrito por Norman Berdichevsky.
Cortesía de Jacki Powell)

Cualquiera persona que ha cumplido una educación de secundaria sabe el respeto inmenso que el mundo occidental da a las civilizaciones clásicas de Grecia y Roma y a sus lenguas respectivas: griega y latín. Pero debemos de recordar que la historia siempre está escrita por los vencedores y así refleja la cultura del vencedor y no necesariamente lo que realmente pasó. Por ejemplo, Roma conquistó a Grecia y absorbió mucha de la legacía griega – mitología, filosofía y leyes. Sin embargo, otros dos rivales de Roma – Israel y Cartago – fueron aplastados por Roma en una serie de guerras. Los Fenicios de Tiro y Sidón había sido aliados del reino antiguo de Israel bajo David y Salomón. Fenicios ayudaron a Salomón en construir el Primer Templo. Emigrantes fenicios más tarde fundaron a Cartago y preservaron su lenguaje (luego llamado Púnico) que fue similar al hebreo. Cartago siempre fue enemigo implacable de Roma. Aunque los romanos admitieron fácilmente su “deuda cultural” a Grecia, no concedieron ningún crédito a la cultura de los conquistados judíos, fenicios y cartagios.

Nuestro conocimiento de historia antigua ha sido delineado por los papeles claves de primero Grecia y luego Roma. El Cristianismo llegó a ser la religión “oficial” del Imperio Romano en el año 313 dC cuando la Iglesia Católica Romana nació. Por regla general, la Iglesia Católica Romana es anti-semítica. Sin embargo, el verdadero cristiano debe de amar y bendecir el pueblo judío. Porque la historia del “Mundo Occidental” tiene un prejuicio significado a favor de la catolicismo, vemos también un prejuicio fuerte anti-semítico. El mismísimo término “Mundo Occidental” es nombre incorrecto, porque las ideas más importantes, como por ejemplo el monoteísmo, la ética Judeo-Cristiano y el alfabeto originaron no en el oeste, sino en el corazón del Medio-Oriente. El alfabeto griego se deriva del alfabeto hebreo. Y por supuesto, más tarde el griego influía en el Latino.

Así que vamos a tomar un paso atrás y intentar mirar con objetividad a la influencia del Hebreo sobre nuestra lengua Español. Las contribuciones del hebreo son pasadas por alto muchas veces porque las vemos en sus formas latinizados. Durante el Renacimiento y luego en la Reformación, los estudiosos cristianos tomaron un interés
profundo en la Biblia en su original Hebreo y produjeron traducciones desde el Hebreo al Castellano en vez de usar la Vulgata Latina. El Torre Redondo en Copenhague tiene gravada la palabra latina Doctrinament y tiene una espada, corazón, y el nombre de Dios en el Tetragramaton para indicar que la fidelidad del rey fue al nombre original de Dios en el hebreo y no a ninguna traducción. La traducción de la Biblia al inglés y al castellano tenía una influencia grande sobre los dos idiomas. Cuando usamos expresiones como “el niño de su ojo” o “por los pelos”, estamos usando una traducción palabra-por-palabra del hebreo. Muchas palabras hebreas no podrían traducirles al ingles o al castellano, así que simplemente fueron adoptado al idioma local. Ejemplos incluyen: shabat, amen, mesías, aleluya, hosanna, maná, querubines, serafines, Satanás, leviatán, mamón, camello, jubileo, Armagedón, y Europa (que viene de la palabra hebrea erev, que quiere decir la tierra donde se pone el sol). ¡Todos estos son palabras hebreas que hemos adoptado en el idioma castellano! Muchos de los nombres más comunes vienen directamente del hebreo. Los ejemplos incluyen: Jonatán (Yonatan), José (Yoseph), David, Isaac (Yitzhak), Jacobo or Jack (Yaakov), Sarah, Esther, Eva (Eve) , Raquel (Rachel), Débora (Deborah), Rebeca (Rivka) y Leah. Los inmigrantes Puritanos fueron instrumentales en promocionar el Hebreo como parte de la instrucción en las primeras universitarias de Norte América como por ejemplo Harvard, Columbia, Yale, Brown, Princeton, John’s Hopkins, etc. Yale, Columbia and Dartmouth todavía mantienen inscripciones hebreas en sus sellos.
Los clásicos de la literatura, inglés y castellano, ambos prosa y poesía, están llenos de frases que vienen directamente desde las páginas del Antiguo Testamento en Hebreo. Porque la Biblia siempre ha sido el distintivo de la literatura mayor y de una persona de buena formación debe haber leído la Biblia por lo menos una vez, estas frases a menudo servían como alegorías de situaciones modernas. Algunos ejemplos incluyen: la escritura en la pared (Daniel 5:25), la marca de Caín (Gen. 4:15), los mansos heredarán la tierra (Psalms 37:11) polvo eres, y al polvo volverás (Gen. 3:19), pies de barro (Daniel 2:34), no solo de pan vivirá el hombre (Deut. 8:3).

Un conocimiento del Hebreo prove aceso directo a la Bibla, más que 3,000 años de cultura judía, un entendimiento mayor del desarrollo del Castellano y otros idiomas y llegar a comprender bien los fundamentos morales, éticas, religiosas y judiciales de lo que se conoce hoy en día como la “Civilización Occidental”. Yo creo, y ha sido la tradición Judeo-Cristiano durante miles de años, que Hebreo era la lengua original: la lengua hablada por Dios, la lengua que Adán y Eva y sus descendientes escribían y hablaban, y la lengua mundial que existía antes de la época del Torre de Babel. Si vamos a entender bien las Escrituras, es de suma importancia reconocer la importancia de la lengua Hebrea.


 
Shabat Bíblico
 
Shabat es uno de los conceptos más malentendidos de la Biblia. La mayoría de la gente que uno pueda preguntar te dirán que shabat es la palabra hebrea que quiere decir “sábado”; pero no es así. Shabat es la palabra hebrea que quiere decir “fín”, “cesar”, “reposar”. Dios usó esta palabra para describir lo que El hizo en el séptimo día de la creación: cesó de obrar, reposó de sus obras, porque estaba completa la obra de la creación.

Entre varios grupos hoy en día – judíos, asambleas mesiánicas, y llamados cristianos – existe el concepto de que todos nosotros que creemos en el Dios de Israel, Jehová, debemos reunirnos en el día de sábado, y no en el día de domingo, para hacerle culto. Estos “sabatistas” de cualquier fondo religioso piensan así porque tienen un concepto equivocado de lo que es el shabat de la Biblia.
Shabat nunca ha sido el nombre de un día de la semana. El pueblo judío no tiene nombres para los días de la semana, sino usan solamente el número del día para indicar que día es. Shabat no quiere decir “séptimo”. Shabat es palabra hebrea que en el español quiere decir “reposo”.
Los judíos de los tiempos bíblicos nunca confundieron la palabra “shabat” con el nombre de un día específica de la semana, porque sus días no tenían nombres: se referían como el número de su llegado en la semana: Día uno, día dos, día tres, etc., exactamente como lo encontramos en Génesis 1. Shabat, o Shabes, refiere al significado de la celebración del día, y no a un día específica de la semana. De hecho, en el capítulo 23 de Levítico, encontramos varios días de shabat que pueden caer en cualquier día de la semana. Estos días incluyen dos shabatim durante la Fiesta de los Panes Sin Levadura (vv.7 y 8), el día de la Fiesta de Las Semanas (v.21), el día de la Fiesta de las Trompetas (v.25), el Día de Expiación (vv.28-32) y el primero y el octavo día de la Fiesta de los Tabernáculos (vv.34 y 35). Obviamente, el día de la semana cambia de año en año en cada uno de estas fiestas. Pero cada una de estas fiestas demanda un día de reposo. ¿Por qué?

Dios dio el Día de Reposo – el Shabat Día – como un cuadro hermoso del reposo en la obra del Mesías para que el Pueblo Judío pudiere reconocerle cuando Él vino. Vemos en estas fiestas que debemos reposar en la obra del Mesías para nuestra salvación, para nuestra santificación, para nuestra expiación, para ser llevados al cielo, y para nuestra vida futura en el cielo. Ningún trabajo humano nos pueda alcanzar la salvación, la santificación, la expiación, la vida eterna. Solamente la obra cumplida del Mesías – el Mismo Dios – puede proveer estas bendiciones para el hombre. (Salmo 62:5)
Encontramos el principio que gobierna el shabat en Marcos 2:27, 28. Cuando los fariseos criticaron a los discípulos por arrancar espigas en el día de reposo, Jesús les dijo: “El día de reposo fue hecho por causa del hombre y no el hombre por causa del día de reposo. Por tanto, el Hijo del Hombre es Señor aun del día de reposo.”

No estaba diciendo que el día de reposo fue dado al hombre como día de descanso. Para entender esto, empezamos en mirar al principio del concepto de shabat. En Génesis 1:31-2:3 vemos que el concepto empezó con el acto de Dios, reposando de Su obra en la Creación. Dios vio que era bueno (completo) y reposó. Debemos parar aquí para hacer la distinción entre “reposar” y “descansar”. Dios no tenía motivo para “descansar”, porque Dios jamás se cansó. Dios “dejó de obrar” porque la obra se había cumplido. En todas las instancias en que Dios mandó que Su pueblo acordarse del “día de reposo para santificarlo”, la Biblia cuidadosamente usa la palabra “reposo” y no “descanso”. En Levítico 23, vemos una y otra vez la frase “Ningún trabajo de siervos haréis”. No está hablando de descansar, sino de refrenarse de trabajar u obrar. La enseñanza es que el hombre no puede contribuir a su propia salvación, santificación, o llegada al cielo.
Ahora, con el concepto de la palabra como “reposar” – no intentar a contribuir a nuestra propia salvación, santificación, o llegada al cielo – vamos a ver lo que Hebreos tiene que decirnos como explicación de nuestro “reposo” como creyentes en el Mesías que ha hecho la obra.

En Hebreos 3:7-19, vemos el concepto que el día de reposo dado en el desierto de Sinaí simbolizó el lugar de reposo que Dios quiso darles en la Tierra Prometida. En el versículo 11 leemos que “…no entrarán en mi reposo...” ¿De quién habla aquí? De los del Pueblo de Israel que no entraron en la Tierra Prometida en la oportunidad provisto por Dios. Está hablando de aquella ocasión en que mandaron los doce espíes para determinar el estado de la Tierra Prometida. Diez de ellos volvieron para desanimar al pueblo para que no entrasen en la Tierra. Dos de ellos – Josué y Caleb – intentaron mostrarle al pueblo que era el tiempo para entrar, y que Dios había prometido “hacer toda la obra”, dejándoles entrar sin la necesidad de pelear. El pueblo no les escuchó: “...no entrarían en su reposo...” vs.18, “...a causa de incredulidad...” vs.19. Así que, toda una generación murió en el desierto, castigados por su incredulidad, y cuando por fin Josué guió al pueblo entrar en la Tierra, tenían que luchar para ganar la Tierra que Dios les hubiera dado sin trabajar.
Hebreos 4:1-8 nos presenta con otro concepto de reposo. Aquí vemos que: “...permaneciendo aún la promesa de entrar en Su reposo...” vs.1, “...entramos en el reposo...” vs.3 Es decir que el lugar de reposo es, en su turno, símbolo del reposo verdadero.

En Hebreos 4:9-13 leemos que “...queda un reposo para el pueblo de Dios”vs.9 (en esta instancia, los creyentes. “El que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras.” vs.10. El creyente verdadero no depende de sus obras para su salvación, sino ha reposado de sus obras. “Procuramos, pues, entrar en aquel reposo...” vs.11. Que busquemos la salvación comprado por el Mesías con Su propia sangre, y no intentemos añadir nuestras obras sin valor.
El reposo que queda para el pueblo de Dios no es ni un día, ni un lugar, sino es la condición del creyente cuyo corazón confía -- reposa -- no en sus propias obras, sino en la obra consumada por Jesucristo en la cruz del Calvario. Este es nuestro “shabat”, que guardamos todos los días.
 




 


 


 



 






 

 



 


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