Todas las oraciones de los judíos empiezan así: Ba-ruch a-tah A-do-nai E-lo-hei-nu Me-lech Ha-o-lam, Bendito Seas Tu, Señor Dios, Rey del Universo. Todos nosotros cuya confianza está en la Palabra de Dios reconocemos que Dios, sí, es Rey del Universo.
Cada rey tiene su capital: la ciudad que es el centro de su esfera de interés, la ciudad desde donde ese rey reina. El Rey del Universo, Dios Todopoderoso, tiene Su capital. Es Jerusalén.
Aunque hay varias interpretaciones lingüísticas del nombre Yerushalayim — Jerusalén – muchos creen que es la combinación de las palabras hebreas yerusha (herencia) and shalom (paz), que nos da el nombre “Herencia de Paz”. A pesar de su nombre, sobre el curso de su historia, Jerusalén ha sido destruido dos veces, sitiado 23 veces, atacada 52 veces, y capturado y capturado de nuevo 44 veces. Y según las profecías, lo peor todavía está en el futuro.
La ciudad, una de las más ancianas del mundo, tiene una historia que fecha hasta cuatro mil años antes de la época de Cristo. Desde hace diez siglos antes de la Época Cristiana, Jerusalén ha sido la ciudad más santa y el centro espiritual para el pueblo judío. Además Jerusalén contiene un gran número de sitios cristianos y se considera la ciudad tercera más santa de Islam. La Ciudad Antigua de Jerusalén ocupa una área de solo .9 kilómetros cuadrados (.35 millas cuadradas), pero es la localidad de sitios de importancia clave a las tres religiones: el Monte del Templo, el Muro Occidental – el Muro de Lamentaciones, el Calvario de Gordon, el Jardín de Getsemaní, el Domo de la Roca y la Mezquita al-Aqsa. Quizás el tamaño tan pequeño nos dice que el Rey de todo el Universo no necesita un centro grande de población para ser el sede de Su gobierno.
Al contrario a los reyes de este mundo, que primero conquistan un pueblo y luego eligen un sitio desde donde reinar y controlar ese pueblo, Dios Todopoderoso eligió primero su ciudad capital – Jerusalén.
La Biblia nos dice que “En el principio creó Dios los cielos y la tierra…” Esta tierra es la creación de nuestro Dios, y como todo bebé, el recién nacido Tierra tuvo ombligo que es su centro. La tradición judaica mantiene que eso ombligo de la Tierra es la Roca Fundamental – el punto más alto de lo que más tarde se conocía como el Monte del Templo, el Monte Moría. Allí en el Monte Moría Dios empezó desarrollar su capital.
Luego Dios eligió un pueblo para ser las ciudadanos de Su ciudad santa, Su capital. Apareció a un hombre que vivía en Ur de los Caldeas, un hombre llamado Abram, y dijo: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré:” (Génesis 12:1) Este Abram obedeció a Dios y “..y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.” (Hebreos 11:8b-10)
Abram, cuyo nombre quiere decir “padre exaltado” se hizo Abraham, cuyo nombre quiere decir “padre de los multitudes”, y así llegó a ser: padre de la nación Israel a través de Isaac and Jacob; padre de las naciones árabes a través de Ismael y Esaú; y por fin, padre espiritual de todos los creyentes en el Señor Jesucristo. Sí, Abraham es nuestro padre espiritual, proque compartimos con él la fe maravillosa que él mostro allí en el Monte Moría preparando para ofrecer su hijo único, el hijo de promesa, en holocausto a Dios.
Más tarde en una historia que tiene que ver con Abraham, vemos a Abraham derrotando a Quedorlaomer y los ejércitos de los cuatro reyes que había secuestrado a su sobrino Lot. Lleno de éxito, Abraham agaró las inmensas riquezas de estos reyes derrotados y volvió al sur hacia Mamre.
Desde “Salem” salió un personaje que fue ambos rey y sacerdote del Dios Altísimo, y luego en el Libro de los Hebreos se identificó como prototipo para el Mesías, Jesucristo. Este Melquisedec aceptó de Abraham el diezmo – la decima parte de todas sus ganancias – que la Biblia dice son debidos solamente a nuestro Dios. ¿Quién fue este Melquisedec? Solo nos dice que fue “sin principio y sin fin”… pero parece que reinaba en la capital de Dios, Jerusalén.
Dios eligió a Su pueblo Israel, no para darles favores especiales, sino para permitirles la bendición infinita de mostrar Su poder, Su misericordia y Su gracia a todos los pueblos del mundo. Desde Jerusalén Dios presentaría al mundo con Su grandeza y ofrecería a todos un lugar en Su reino glorioso. Cuando Su pueblo se extraviasen, Dios les mandaba jueces para mostrar a su pueblo Su perdón, Su paciencia, Su bondad, y para volverles a sitio de testimonio a los pueblos en su alrededor. Cuando el pueblo demandó un rey, Dios les dio uno: primero, Saul, Benjamita; y cuando Saul no obedeció al Señor, les dio David, de la Tribu de Judá.
David, rey terrenal de los judíos, eligió como su capital la ciudad de los jebuseos, Jerusalén. Extendiéndose hacia el sur desde el Monte Moría, David construyo lo que se conoce como la Ciudad de David. En la actualidad es probablemente el proyecto arquitectónico más importante en Israel, entregando muchas pruebas físicas de las narraciones del reino de David en la Biblia. Por el Profeta Gad, el Ángel del Señor mandó a David construir un altar al Señor en la era de Arauna. David ofrecía holocaustos sobre ese altar y declaró que allí sería el sitio del Templo que tiene que construirse y que el altar se levantará en aquel sitio.
No se permitió a David construir el Templo; aquella bendición fue reservada por su hijo, Salomón. En un futuro artículo, hablaremos extensamente de ese Templo que se dice era la estructura más hermosa jamás construida. Y de veras tenía que haber sido, porque fue construido a los especificaciones de Dios Mismo.
En las generaciones reales que siguieron a Salomón, vemos la mano del Malvado obrando, buscando la manera de disminuir la importancia de Jerusalén. El último rey legítimo de Israel – menos El que es para venir – fue hecho ciego y llevado en cadenas a Babilonia. Allí el pueblo de Israel languideció fuera de su Tierra y lejos de su ciudad amada. (Salmo 137).
Después del cautiverio, un remanente volvió a la tierra y empezó a reconstruir bajo el liderazgo de Esdras y Nehemías. El Segundo Templo, construido por Esdras, no tenía la grandeza de su predecesor, y cuando lo veían, el pueblo lloró. Pero los muros reconstruidos por Nehemías hicieron posible que la ciudad vuelva a ser un sitio seguro para sus habitantes. Jerusalén seguía con niveles variados de celos y diligencia, hasta la época de Herodes unos años antes de Cristo. La ciudad había vuelto a ser de gran importancia a Israel, y también a sus conquistadores, los romanos. Los Herodes subían al trono, no por su ascendencia, (pues, fueron Idumeos, descendientes de Esaú y no de Jacob) sino por su cooperación con los romanos. Fueron reyes crueles a los Judíos.
Pero Herodes el Grande hizo una cosa buena: modificaba los atrios del Templo para amplificarlos, y añadió detalles para embellecer el Templo mismo. Y en los recintos grandes de este Templo andaba el Rey del Universo en Su forma humana, la del Mesías Jesús.
Allí Jesús intentaba mostrar a Su Pueblo Elegido la gracia y la misericordia que El tiene. Jesús “…a lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.” Así que el Mesías sufrió y murió en Jerusalén, y dejando atrás como testigos de Su gracia y Su poder a los que le habían recibido Su sacrificio y Su salvación, Jesús subió al cielo para estar a la diestra de Dios Padre para interceder para nosotros.
Así que por casi 2000 años, por la incredulidad del Pueblo Elegido, Jerusalén ha estado sin Rey para sentar sobre el trono y Sumo Sacerdote para servir en el Templo. Pero en el día en que menos le esperamos, Jesucristo – Yeshua haMashiach – volverá a esta tierra para reinar en Jerusalén.
Entonces, por la primera vez en toda la historia humana, Dios Todopoderoso, Rey del Universo, ocupará el trono que El eligió en la capital que El eligió desde antes de la fundación del mundo. Y una vez por año, según el Profeta Zacarías, subiremos para celebrar Su reino con El en Su propia capital, Jerusalén, el centro del mundo.
Jerusalén e Israel - Inseparables
El silencio resonó por las calles de Jerusalén; la única evidencia de vida era los perros hurgando por comida. La única gente dejada allí para contar la historia era los pobres, los viejos, los enfermos. La fecha fue el 9 de Av en el año 586 aC. Los babilonios habían llevado los ciudadanos hábiles en cautiverio. En la misma fecha del año 70 dC, los romanos bajo liderazgo de Tito destruyeron la ciudad de Jerusalén y su Templo glorioso. Otra vez el pueblo judío fue esparcido. Por fin, en el año 135 dC, después de la derrota de la Rebelión de Bar Kochba, el pueblo judío fue esparcido alrededor del mundo por los romanos, la ciudad fue llamada Aelia Capitolina y el país llamado Palestino para recordar a los Filisteos. En cada derrota, los corazones de los hijos de Israel anhelaban volver a Jerusalén, la ciudad de Dios. Porque en sus mentes y en sus corazones, entendían la verdad de la promesa de Dios que Jerusalén e Israel son inseparables.
Inseparable Por Derecho Histórico
Quizás no hay otra ciudad en el mundo que ha sido tan precioso a tanta gente. Hoy en día, Jerusalén se queda como memorial vivo a la debilidad de la humanidad y la soberanía de Dios. Hace más que 3,000 años, el Rey David conquistó la ciudad antigua de Jebus y la dio el nombre Jerusalén (II Samuel 5:1-10). Su intención fue de establecer Jerusalén como capital estratégica y política de Israel. Cuando David conquistó Sión, Dios le bendijo y le dio lugar en la historia como uno de los grandes líderes de todos los tiempos. La Biblia describe a Jerusalén como “Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra, Es el monte de Sion, a los lados del norte, La ciudad del gran Rey.” (Salmo 48:2). El nombre, “Jerusalén,” quiere decir “Ciudad de Paz”, pero irónicamente esta ciudad jamás ha visto paz. Siglos de dominación por una variedad de imperios y religiones han dejado su huella en la ciudad. Es interesante que aunque Dios dio esta tierra al pueblo judío (Génesis 15:18), hay tres lugares que fueron comprado legalmente por Israel: Hebrón (Génesis 23:16-20) Siquem (Josué 24:32) y el Monte del Templo en Jerusalén (II Samuel 24:24). Aun en este tiempo moderno, la importancia de Jerusalén a Israel y al Pueblo Judío como su capital es evidente, y los ojos del mundo están puestos en esta ciudad. Dios dijo en Ezequiel 5:5, “Ésta es Jerusalén; la puse en medio de las naciones y de las tierras alrededor de ella.” El Talmud Babilónico lo explica así: “Israel está en el mero centro de la tierra, y Jerusalén está en el centro de Israel” (Tanhuma 106). De hecho, Jerusalén es “la niña del ojo de Dios” (Zacarías 2:8). El autor judío y líder sionista Elhanan Leib Lewinsky dijo, “Sin Jerusalén, la tierra de Israel es un cuerpo sin alma.” Desde el momento cuando Abraham intentó ofrecer a Isaac como sacrificio en el Monte Moría (Génesis 22), Dios estableció Su plan redentor usando a Israel, Jerusalén y el Monte del Templo como su punto de enfoque para la historia del mundo. Fue en esta ciudad que Dios iba a llamar la atención del mundo a Sí Mismo.
Históricamente el pueblo judío siempre ha vivido en la tierra de Israel desde los días de Moisés, a pesar de los tiempos de exilio. Aun en años recientes, el pueblo judío son los que han desarrollado la tierra. Varios países, e incluso las Naciones Unidas, han otorgado la soberanía política de Israel y Jerusalén como su capital al pueblo judío. También es importante notar que Israel ha capturado con derecho más tierra en las guerras en contra ellos. Desde entonces, han rendido mucha de esta tierra a cambio de tener “paz”. No importa cuanta tierra está regalada a otros, Israel y Jerusalén son una herencia eterna. (Éxodo 32:13). El enlace histórico más importante del pueblo judío a Israel y Jerusalén es el hecho de que Dios prometió y dio esta tierra a Abraham (Salmo 105:9-11). Bíblicamente y históricamente, Jerusalén e Israel son inseparables.
Inseparable Por Derecho Espiritual
Como David estableció a Jerusalén como la capital nacional de Israel, su hijo Salomón construyó el Templo haciendo de Jerusalén la capital espiritual de Israel. Jerusalén es la ciudad de Melquisedec, Rey de Salem, y es la misma ciudad donde adoraban Abraham, Isaac y Jacob. Antes de que Moisés llevó a los hijos de Israel a la tierra de Canaán, Dios prometió a Israel un lugar de adoración (Deuteronomio 12:1-7). Cuando David trajo el arca del pacto a Jerusalén, fue confirmado que Jerusalén sería el centro de culto para Israel y, por fin, para el mundo entero. (Isaiah 56:6, 7). Cuando Salomón había cumplido la construcción del Templo, Dios Mismo dijo: “…porque ahora he elegido y santificado esta casa, para que esté en ella mi nombre para siempre...” (2 Crónicos 7:15, 16). El Templo se hizo el punto de enfoque de Jerusalén por todos los años de la historia de Israel y sigue siendo especial en el corazón del pueblo judío a pesar de su destrucción y ausencia.
Es importante notar que no es el Muro Occidental sino el Monte del Templo que es el sitio más sagrado de judaísmo. El pueblo judío siempre tenía centrado su atención en Jerusalén, porque la visitaban tres veces al año para celebrar las fiestas especiales de Pascua, Pentecostés y Tabernáculos (Levítico 23). Era desde Jerusalén que Israel tenía que ser luz y salvación a los gentiles para llevarles fuera de la oscuridad (Isaías 49:6, 9). Esta profecía se cumplió cuando Jesús el Mesías, la Luz del mundo, encomendó su evangelio empezando en Jerusalén (Hechos 1:8). Aunque Israel es una nación espiritualmente ciega al evangelio, sus enlaces espirituales a Jerusalén no se pueden negar. Al final de cada Pascua, el pueblo judío dice colectivamente: “¡El año que viene en Jerusalén!”
Los religiosos entre el pueblo judío oren cada día por Jerusalén y aun miran hacia Jerusalén al momento de sus oraciones. El himno nacional de Israel, “Hatikva,” cuenta la esperanza del espíritu judío de ser libre en la tierra de Sión y Jerusalén. El primer Primer Ministro de Israel, David Ben Gurión, dijo: “Consideramos que es nuestra obligación declarar que Jerusalén es parte orgánica e inseparable del Estado de Israel, como es parte inseparable de la historia de Israel y de la fe de Israel.” Mientras que continua la controversia sobre el derecho de Israel de existir, Dios protegerá a Su pueblo, Su tierra y Su ciudad (Salmo 125:2). No pueda ser uno sin el otro. De verdad, en el corazón del pueblo judío, Jerusalén e Israel son inseparables.
Inseparable Por Derecho Eterno
Como el Rey David estableció la capital nacional de Israel y Salomón estableció la capital espiritual, el Mesías establecerá a Jerusalén como la capital eterna de Israel. Salmo 2:6 dice, “Pero yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte.” Está aquí en esta ciudad que el Príncipe de Paz reinará con autoridad. Desde aquí saldrá la ley del Señor por todo el mundo (Isaías 2:3). En el futuro, el Mesías luchará y conquistará todas las naciones allí en Jerusalén (Zacarías 14:2-4). Esta es la misma Jerusalén donde el Mesías reinará sobre la nación de Israel con vara de hierro durante el Milenio (Salmo 2:9). Pero es la promesa de una ciudad eternal que da esperanza y gozo a cada creyente, judío o gentil. Como dice el Talmud-Berakhot, “Eternidad quiere decir Jerusalén.” Es la misma ciudad buscada por Abraham, “una ciudad. . . cuyo arquitecto y constructor es Dios.” (Hebreos 11:10). La Biblia declara que será una nueva Jerusalén construida por los santos (Hebreos 12:22, Apocalipsis 21, 22). Es esta esperanza que da luz al plan de Dios para las edades, y empieza y termina en Jerusalén. Para entender la Jerusalén histórica, spiritual y eternal, uno debe ver que Israel es el reloj profético de Dios, porque Jerusalén e Israel son inseparables.
El Perspectivo para Hoy Día
El pueblo judío ha sido esparcido por el mundo durante casi 2,000 años, buscando la esperanza, el amor y el Mesías. Hoy en día el pueblo judío está volviendo a su tierra ancestral según la profecía bíblica (Isaías 43:5, 6). Jerusalén es el punto de enfoque y el deseo del pueblo judío en todas partes. No importa donde se encuentre el judío, aunque el judío no esté en Jerusalén, Jerusalén siempre está en el judío. Probablemente el símbolo más poderoso del enlace entre el pueblo judío y Jerusalén se encuentra en la ceremonia tradicional de la boda judaica. Al final de la ceremonia, el novio rompe un vaso de cristal simbolizando la destrucción del Templo. Así es la idea, “Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, Pierda mi diestra su destreza. Mi lengua se pegue a mi paladar, Si de ti no me acordare; Si no enalteciere a Jerusalén Como preferente asunto de mi alegría”. (Salmo 137:5, 6).
Porque Jerusalén es el corazón de Israel, tiene que estar en el corazón de cada creyente en el Mesías. Si el creyente toma en serio la Biblia, debe de tomar también en serio a Israel y Jerusalén. De hecho, cada persona tiene el mandato de “Pedir por la paz de Jerusalén” (Salmo 122:6a). Es nuestra responsabilidad hacerlo hasta que venga Mesías para mostrar una vez para siempre que Jerusalén e Israel son inseparables.